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En esa primavera yo, un ecologista y mi caballo, íbamos moviéndonos de lado a lado, de mar en mar, viendo los magníficos animales de cada territorio. Yo y muchos que me seguían disfrutábamos de los paisajes al atardecer, de madrugada o bajo la negra y temible noche.

Esta vez mi caballo y yo nos encontrábamos  acampados en un lugar peligroso. Sigo confiando en que no surja ninguna bestia de la temible oscuridad.

Carlos García Zydzik, 3º de ESO.

En un lugar lejos de Europa había un ecologista que susurraba a los caballos. Esto ocurrió porque él tenía caballos y quería averiguar qué problemas tenían sus animales.

En la noche oscura y temible el ecologista le dijo al caballo:

– Hércules, ven ha calentarte a la hoguera con un rojo muy vivo, que te quiero contar la historia de tus dos hermanos.

El caballo asustado dice:

– No sé qué les pasa, hace 10 años que no les veo y quería saber por qué no vienen, ya me tienen bastante asustado.

El ecologista le cuenta la historia de sus dos hermanos que dice así:

“Había en el establo dos caballos la mar de trabajadores; lo hacían todo en el mínimo tiempo. Una vez, una mujer mayor me pidió alojarse y me aseguró que ya me pagaría la limosna por mi hospitalidad. Yo acepté, pero les dije que tendría que dormir en el establo.

Al cabo de 24 horas me dijeron que al estar tanto tiempo en el establo se habían encariñado con los dos caballos que había y que querían comprarlos. Al principio yo lo negué pero ella me insistió tanto que se los vendí. Al cabo de 2 años me llegó la noticia de que mis 2 caballos murieron con la mujer enigmática porque no los cuidaba bien y tuvieron un accidente. ”

El caballo triste dijo entonces:

– Pobres hermanos míos, yo no quiero morir como ellos, por eso, tampoco me vendas a un extraño al que le des hogar aquí, en el establo. Y lo último que quiero decirte es que me des de comer porque estoy hambriento.

Andrés Lorenzo Limón, 3° de ESO

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